Retos y dilemas a los que se enfrenta Cuenca
Juan Andrés Buedo García
@JAB_1951
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Retos y dilemas a los que se enfrenta Cuenca

Cuenca
29-03-2019
La gestión de la ciudad de Cuenca está muy condicionada por los importantes cambios que es indispensable establecer en su entorno y que están relacionados, básicamente, con tendencias y condicionantes económicos, sociales, demográficos, territoriales, ecológicos, culturales y políticos. Podemos afirmar que no se puede dirigir la ciudad del siglo XXI, con estructuras del siglo XX y directivos del siglo XIX. Este precisamente viene siendo uno de los grandes trastornos de Cuenca a la hora de palpar su inmovilismo. Uno de los retos principales a los que han de enfrentarse sus habitantes.

Las ciudades más que acumulaciones de casas son concentraciones de oportunidades, de trabajo, de educación, de salud y de recreación, como decía el prestigioso arquitecto chileno Alejandro Aravena, galardonado con el Nobel de la Arquitectura en 2016. Hay que asegurarse de que tuviesen cada uno de estos elementos en vez de apuntar a la separación y segregación funcional, a la zonificación. “Una ciudad entendida como concentración de oportunidades nos lleva a medir la ciudad no por tamaño o población, sino por el tiempo empleado para hacer lo que tenemos y queremos hacer en ella”, destaca Aravena, que avala como “si hay sistemas de transporte eficientes, se puede extender; si hay barrios con multiplicidad de funciones integradas, la ciudad se puede comprimir”. Si gastamos demasiado tiempo para desplazarnos de un lugar a otro, señala el citado arquitecto que “los técnicos y las autoridades deberemos tomar medidas (restringir crecimiento, crear nuevos centros, eliminar la zonificación o invertir en transporte público de alto estándar) para que se recupere el sentido que nos hizo venir a las ciudades en primer lugar, que es tener una mejor calidad de vida”.

Con el librito promocional de La ciudad que necesitamos en mano, Eugenie Birch, co-directora del Penn Institute para la Investigación Urbana y Presidenta del Comité Directivo de la Campaña Urbana Mundial y una de las principales responsables encargadas de asegurar que la sociedad civil tenga voz en todo el proceso hacia Hábitat III, confiesa que se están creando debates intensos entre los grupos: “Estamos hablando de planificar ciudades para que sean económicamente fuertes, socialmente inclusivas, resilientes y medioambientalmente respetuosas. Los Estados no van a poder resolver todos estos temas por sí solos, necesitarán nuestro apoyo”.

Las Angustias

Sin embargo, como denota el análisis de entorno del PLANCIMARCU, extraído del primer módulo de esta investigación, Cuenca adolece de “una falta total de planificación”. Un terrible atolladero que está urgiendo su pronta solución. Las citas literales de los altos cargos políticos y directivos entrevistados afirman lo siguiente:

Es imprescindible planificar un cambio en Cuenca.
El principal inconveniente es la falta de continuidad de los proyectos. No se puede planificar por 4 años. No puede llegar el sucesor del político de turno y echar por tierra todo los que hizo el anterior.
Se nota una falta total de planificación. Todo va como a tropezones. Falta de entendimiento y de respeto a lo que hace la otra administración. Falta de apoyo de unos a otros, simplemente porque pertenecen a otra institución. No se piensa en los ciudadanos, es una competencia entre partidos e instituciones.
La ciudad es de todos. Tenemos que llegar a acuerdos, pensando en el bien de la ciudad.
Potenciar nuestros productos y crear una marca de ciudad, con una estrategia bien planificada.
Falta de participación ciudadana, no sólo porque es una ciudad bastante conformista, sino porque la gente no encuentra ninguna respuesta a sus demandas.
Caciquismo que hace que la ciudad no avance. A muchos no les conviene el cambio, sobre todo a gente que tiene monopolios y si vienen industrias o comercios de afuera, deberían innovar, saldrían de su seguridad, y eso no les conviene.
El problema más grave que encuentran los entrevistados es la falta de empleo, de tejido industrial, una ciudad con el 70% de funcionarios, la despoblación, el envejecimiento de la población, el éxodo de los jóvenes.

En general se ve la necesidad de un cambio de dirección, especialmente en el Casco Antiguo al que, estando declarado como Patrimonio de la Humanidad no se le ha sabido sacar todo el jugo económico funcional que puede dar, como consecuencia de no haber ejecutado un plan de futuro, ni engranar una estrategia a medio plazo. Y planificar la ciudad del siglo XXI pasa por adaptarse a los nuevos tiempos, aprovechar sus oportunidades, el desarrollo y la apuesta por el sector cultural y el medioambiente e implicar a la ciudadanía para que recupere su protagonismo.

Es imprescindible, pues, rememorar la historia de Cuenca, sin olvidar que ha sido pionera en tiempos pasados: artesanía del marfil en época musulmana, rejería, cantería y un fuerte sector textil en época cristiana, arte abstracto en época moderna, música electroacústica en el MIDE. Y en nuestros días, Cuenca es una ciudad excelente para el impulso y la innovación del arte vanguardista ofrecido a partir de las nuevas tecnologías. Esto hay que aprovecharlo, y, ante unas élites incapaces de sacar a la ciudad de su decadencia, es preciso activar cuantas transformaciones generen un positivo reflujo social que, convencido de los bienes que deja asomar la innovación social, imponga nuevos hábitos a la gobernanza tradicional de estas tierras y urja al cambio necesario.

Todo ello sin miedos de ninguna especie, porque la participación es buena por definición en términos de salud democrática. Por supuesto que existen algunas dificultades, empezando por hábitos de conducta retardatarios y propios de lo que antes se denominaba una “ciudad provinciana”, con múltiples redes clientelares muy cerradas que son un freno a la participación verdadera. Pero en 2019 esto ya debe dejar de existir; primero, porque lo demandan las nuevas formas sociales de convivencia, y, después, porque hay que dejar un mejor futuro a las generaciones venideras.

Son retos, como se ve, que pasan por aunar esfuerzos conjuntos de política activa y de ciudadanía reivindicativa, algo que -como se verá en el segundo módulo de nuestra investigación- casi con toda seguridad vendrán a corroborar los expertos a los que vamos a pedir colaboración durante la próxima quincena, a través de nuestro Estudio Delphi específico.